C. 1    Orígenes del eremitismo.
C. 2    Trento, Siglo XVI.
C. 3    Concilio Vaticano II.
C. 4    Presente de la vida eremítica diocesana.
C. 5    Ermitaños/as en las grandes ciudades.
C. 6    Medio de vida, trabajo.














 

 


TODOS siguen estando entre nosotros, aunque a veces nos pasa desapercibida su presencia porque, quizás lamentablemente, se han ido despojando de sus señas externas de identidad. Todos los religiosos, incluso frailes y monjes, han optado por pasar desapercibidos, privando así al pueblo fiel del mero TESTIMONIO de su PRESENCIA por las calles, que a mi humilde e insignificante modo de ver (no me considero un conservador) podría ser muy importante.

Es cierto que el testimonio se debe dar, DESDE DENTRO; con el ejemplo, pero a veces no lo damos, y tampoco damos el testimonio de la simple presencia, de imagen, al que HOY se da mucha importancia.

Perdónenme, por favor, no pretendo ofender a las personas que opinen lo contrario.

 

CONCILIO DE TRENTO 1545 - 1563

 En este capítulo volvemos a retomar el tema de los ermitaños, porque en esta EVOLUCIÓN que hemos explicado, la vida Eremítica Diocesana quedó " descolgada ", podemos decir : sufrió un grave percance con la celebración del dicho Concilio de Trento, en Él se trató el tema de los ermitaños y abrió caminos o posibilidades que dieron pié a la supresión y disolución de la vida Eremítica Diocesana que en sus formas más o menos originales todavía estaba presente en la Iglesia como un Carisma más de la vida consagrada.

También propició un nuevo estado más restrictivo imponiendo las dobles y espesas rejas y las clausuras papales para toda la vida religiosa femenina, suprimiendo también TODAS las Congregaciones de " votos simples”.

Por supuesto, si lo hizo, debió tener algún motivo que lo justificara y que aquí no se pone en cuestión.

Lo cierto es que a partir del Concilio de Trento los ermitaños se vieron en la necesidad de incardinarse en las órdenes religiosas existentes o colgar sus hábitos y marcharse a sus casas. Algunos obispos no permitían su presencia en sus diócesis y había curas párrocos en los pueblos que les negaban habitualmente la confesión.. (existe documentación escrita).

Al amparo de las insinuaciones de trento se les cerraron muchas puertas.

Ante esto, hubo de todo, los hubo que ingresaron en los monasterios y conventos y los hubo que siguieron como ermitaños en sus ermitas como siempre pero, al MARGEN de la legalidad eclesial.

La Iglesia no los reconocía ya como consagrados. Estos que se quedaron, pasaron a la ILEGALIDAD o MARGINALIDAD porque fueron IGNORADOS, aunque de alguna forma en algunos obispados se les toleraba.